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jueves, 15 de diciembre de 2011

Victoriano Crémer ( El fabuloso Mateo) -fragmento- Diario de León.




...Para entrar en el ámbito de la pintura de “Mateo” hay que desprenderse de muchos conceptos estereotipados, de muchas normas academicístas, porque lo que este pintor leonés, salido de las tierras planas de los páramos, expresa y expone es la proyección de sus internos deslumbramientos, transmitidos en un lenguaje que le es dictado por la descomposición de la gramática oficial: Obra de ensimismamiento y de descomposición, en el sentido de conceder a cada una de las partes de la composición la importancia que le corresponde para una aproximación al mejor entendimiento de
la totalidad. El artista se transfigura en hombre pensante y doliente y comunica a su obra todos los sentimientos y la gestuación interna que le impone la dramaticidad de sus proposiciones plásticas. Para todo lo cual opta por acoger en su repertorio expresivo no tan solo aquellos signos que la tradición ha salvado del olvido y mantiene en pleno vigor, sino las sugestiones emanadas de las nuevas formulas de comunicación , (el expresionismo abstracto o el surrealismo onírico, o el minimalismo...
Y cuando se dice de la acción creadora de Mateo que más bien pugna por convertir en sueño la realidad, se está incurriendo en un peligroso aforismo, porque la pintura del leonés a lo que tiende no es a transformar en sueño sus descubrimientos, sino por el contrario, a reformar lo soñado, lo intuido, lo encontrado en accidente gozoso de iluminación, en realidad simbólica.
Como Picasso, Mateo no busca, encuentra. Y lo que consigue rescatar de la oscura caverna de sus propias convulsiones es toda una mitología humanamente distorsionada y poéticamente alucinada. Las figuras, a través de su tratamiento, se convierten en mitos, en símbolos, en apelaciones, en denuncias. Y un colorismo sensual y disciplinado confiere a la obra un valor de documento vivo, fabulosamente vivo...



jueves, 8 de diciembre de 2011

Una invitación al abismo- Manuel Linares-Rivas. Diario de León.

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Manuel Linares-Rivas Manuel Linares-Rivas 14/10/2003
Mateo Santamarta ha llegado a su patria chica con una exposición sugerente y densa en la que ofrece pistas suficientes para poder contemplar cada obra dentro de sus propias claves. El catálogo de la exposición incluye un poema de Mateo, revelador de parte de las coordenadas en que la muestra se encuadra. En él, el pintor-poeta recurre a la Mitología, alusión de lo real y lo soñado, de lo inmediato y lo arcano, en un intento de sondar sus abismos a la búsqueda de respuestas a las penalidades pasadas. Y frente al duro camino andado envidia el de las aguas, que fluyen hacia la mar, o, enamoradas por el ardiente sol, ascienden. A partir de aquí, la sabiduría y el arte tutelan su realidad individual y hacen de su existencia un tránsito compartido, salpicado de claroscuros. Con el amor por fondo. Es el abismo de la vida misma. El de mirar los adentros y a cuanto nos rodea. En otra parte de la exposición, Mateo rinde tributo de gratitud y reconocimiento a pensadores, escritores y poetas que han marcado su espíritu. Protagonistas de vidas funestas y azarosas, han supuesto para Mateo apoyo a su rebeldía y fuente de inspiración para su impulso creativo. En Bajo un campo de estrellas Mateo se instala, cómodo y seguro, en un registro más evolucionado en la abstracción y más minimalista. El espectador es invitado a participar de sensaciones, a veces de distancia, profundidad, descanso, misterio o melancolía, y, otras de alegría y relajación, de poder y fuerza, al contemplar esos espacios, siderales o terrenales, copiosos en matices y salpicados de materia, en los que la ejecución de signos singularizan la escena y la dotan de un lirismo irrefutable, turbulento y en ocasiones voluptuoso